Oettinger tiene razón: solo los mercados consiguen que la Unión Europea aprenda la lección

Gesto usual de la canciller Angela Merkel.

El 29 de mayo el comisario Oettinger volvió a meter la pata. En una entrevista a la Deutsche Welle, el actual comisario de programación financiera y presupuestos y mano derecha de Angela Merkel en Bruselas, que ya protagonizara algunos comentarios subidos de tono en el pasado, sugirió que los mercados enseñarían a los italianos «a no votar a populistas». Tras sus torpes pero clarividentes declaraciones, ofrecemos el análisis de Frédéric Simon, periodista especializado en asuntos europeos, quien nos explica por qué tal vez Oettinger tenga en parte razón.

Frédéric SIMON

El jefe del presupuesto de la UE, Günther Oettinger, se vio obligado a disculparse públicamente el pasado 29 de mayo después de sugerir que los votantes italianos serían castigados por los mercados financieros por permitir que los «populistas» euroescépticos atravesaran las puertas del poder. La Comisión se esforzó por «aclarar su posición», pero la reacción más honesta provino de Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo. El polaco recordó a sus colegas de la UE los más básicos principios democráticos: «llamo a todas las instituciones de la UE a que respeten a los votantes. Estamos aquí para servirles, no para darles lecciones».

Tusk tiene por supuesto razón: los votantes han de ser siempre escuchados, especialmente cuando desahogan sus frustraciones dándoles a los políticos «populistas» las llaves del poder. En el caso de Italia, las razones son bien conocidas: los ciudadanos sienten justificadamente que otros países europeos les han decepcionado por la crisis migratoria y que los órganos de poder comunitarios, liderados por Alemania, les siguen imponiendo una austeridad brutal e innecesaria. Sin embargo, los comentarios de Oettinger son también un recordatorio nítido de que los políticos en Europa solo reciben estímulo suficiente para pasar a la acción cuando estalla una crisis seria.

Los comentarios de Oettinger son un recordatorio de que los políticos en Europa solo reciben estímulo suficiente para pasar a la acción cuando estalla una crisis seria.

Tomemos por ejemplo el euro. Aquellos en Bruselas que presenciaron el colapso de los mercados financieros mundiales en 2008 y la consiguiente crisis de deuda pueden atestiguarlo: la eurozona es incapaz de tomar decisiones valientes a menos que se vea obligada a hacerlo. Alemania tiene la mayor parte de la responsabilidad por su incapacidad crónica para actuar y, ahora, para reformar. Después de todo, a su economía le va bien, así que ¿para qué hacer concesiones y llegar a compromisos financieros con sus «socios» de la eurozona a menos que realmente lo necesite?

Este tipo de miopía dio lugar a un patrón que se ha vuelto demasiado familiar desde la crisis de deuda: el primer movimiento lo ejecutan los mercados financieros atacando la calificación de la deuda soberana de un país y pidiendo una respuesta creíble a nivel europeo. Los políticos luego niegan y retrasan las decisiones hasta que la presión de los mercados financieros se vuelve intolerable y se ven obligados a actuar.

El culmen de la crisis de deuda trajo consigo reformas significativas para la zona euro que de otro modo habrían sido imposibles: el Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM), con una capacidad crediticia máxima de 500 mil millones de euros; la Unión Bancaria, para cuya conclusión Alemania no termina de poner excusas; y una vigilancia macroeconómica más sólida con el infame paquete legislativo de reformas conocido como el Two-Pack y luego el Six-Pack, que también facilitó que el sistema de control de la eurozona fuera más punitivo y menos democrático.

La historia terminará por dictaminar si a Angela Merkel se la recordará como la salvadora de la eurozona o como su funeraria.

Ahora bien, dado que la presión de los mercados ha disminuido, también lo ha hecho el apetito de Alemania por reformar Europa. Esto es aún más decepcionante si pensamos que Francia rechazó el populismo de Marine Le Pen eligiendo a un presidente reformista, que a diferencia de sus predecesores está dispuesto a seguir el marco reglamentario de la UE. La historia terminará por dictaminar si a Angela Merkel se la recordará como la salvadora de la eurozona o como su funeraria. Durante la crisis de la deuda, convirtió el hábito de esquivar los problemas sin atajarlos en un arte. No cabe duda de que volverá a intentarlo de nuevo, pero solo si los mercados financieros le permiten hacerlo. La crisis italiana, paradójicamente, podría ofrecerle a la eurozona una oportunidad.

Traducción de Rafael Guillermo LÓPEZ JUÁREZ

Este artículo fue publicado en inglés en Euractiv el 30 de mayo de 2018. El autor ha dado su consentimiento expreso para publicarlo en español en LA MIRADA EUROPEA.

Frédéric SIMON es editor de Euractiv desde 2008, además de corresponsal en Bruselas de France 24 en asuntos europeos y política belga. A lo largo de su carrera ha cubierto todas las cumbres y reuniones ministeriales relativas a la crisis de la Eurozona y a la crisis política belga posterior a las elecciones nacionales de 2010. Asimismo, ha moderado numerosas conferencias de alto nivel.

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