Los Balcanes y el progreso inclusivo: la última frontera por franquear en Europa

Nadie los ve pero ahí están. Ante una Rusia sumida en una profunda crisis de liderazgo y unos nuevos Estados Unidos hostiles al continente europeo, la Unión se juega su propia definición en las naciones exyugoslavas. Los queramos ignorar o no, estos países guardan la llave de la estabilidad a medio plazo del proyecto comunitario.

Rafael Guillermo LÓPEZ JUÁREZ

Declaraba en diciembre de 2016 Johannes Hahn, comisario europeo de Política Europea de Vecindad y de Negociaciones de Ampliación, que «Europa no estará jamás completa sin los Balcanes Occidentales». Aunque pudiese parecer que la Unión Europea desease de pronto adherir a estos países en una suerte de clarividencia histórica, la afirmación queda lejos de la realidad de los hechos. Sin embargo, es en ese territorio en donde se juega a medio plazo la estabilidad de la propia Unión en términos geopolíticos, sobre todo si tenemos en cuenta los últimos acontecimientos internacionales.

Pasear por Belgrado hoy es sintomático de lo que está pasando: los habitantes de los Balcanes sienten, a menudo con razón y a veces sin ella, que Europa no toma en serio su integración y que descuida su futuro. Olvidados y dejados de la mano de Dios, los habitantes de la capital serbia se quejan de la falta de empuje a favor de una verdadera democratización del país y de una mejora de la prosperidad para la clase media y formada, que sufre una precariedad profunda y sin remedio. Hoy, en efecto, la sensación del serbio medio es más bien de abandono, como si para Europa la región no existiera y solo se interesase por ella para potenciar sus propios intereses comerciales.

Esta percepción incita a los ciudadanos de algunos países balcánicos a tomar posturas a favor de otras potencias como Rusia. Conviene por tanto que los líderes europeos se impliquen con mayor ahínco pensando en la prosperidad común y olvidando los reflejos cortoplacistas prevalentes hoy en día que, como bien es sabido, nunca contruyeron la Unión. Y es que en caso contrario, la falta de una acción esmerada podría provocar resultados ominosos.

Los Balcanes se volvieron el año pasado los custodios de un espacio, Schengen, del que ni siquiera participan. Y además sin ayuda.

Tal y como afirman Francisco de Borja Lasheras, Vessela Tcherneva y Fredrik Wesslau del instituto de investigación European Council on Foreign Relations en el informe Return to Instability: How Migration and Great Power Politics Threaten the Western Balkans, Rusia hoy procura imponerse sin que nadie le ponga freno o plantee una alternativa. Es más, desde la anexión de Crimea, Moscú intenta promover un relato antioccidental como medio para frenar los logros de los europeos en los Balcanes. La crisis, pues, es de una complejidad considerable y se articula en torno a variables muy variopintas. Intentamos resumirlas en el presente artículo.

LA INCONCLUSA CRISIS DE LOS REFUGIADOS

Si bien se habían producido movimientos, fue la crisis de los refugiados la que obligó a Europa a situar los Balcanes Occidentales en la agenda política. La ruta de los Balcanes, que atraviesa Macedonia, Serbia, Croacia, Eslovenia, Hungría y Austria, se convirtió el año pasado en la vía de acceso más concurrida por aquellos que buscaban desesperadamente refugio en nuestro continente. Desde 2014, el número de migrantes se multiplicó dieciséis veces hasta alcanzar la compleja cifra de 800.000 personas, la mayoría proveniente de Siria, de Afganistán y de Irak. Según el citado informe, las redes mafiosas sacaron beneficio de la trata de personas y, gracias a la deplorable situación, se vieron reforzados algunos sectores económicos ilícitos que tradicionalmente han entorpecido el progreso democrático y político de la región.

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Cabe destacar que los Balcanes Occidentales cooperaron en gran medida con la UE para resolver la cuestión. El recuerdo de los flujos migratorios causados por las guerras balcánicas de los años noventa favoreció la hospitalidad y la solidaridad de los habitantes de la región. Ahora bien, esa colaboración reposaba sobre la certeza de que las fronteras del norte habrían quedado abiertas, modo, este, de evitar que los Balcanes se convirtieran en el «trastero» de Europa. Esto explica por qué, cuando Hungría decidió unilateralmente construir su particular frontera al sur del país, la opinión pública balcánica se sintió traicionada.

En la cumbre turco-europea de marzo de 2016, en la que se anunció a bombo y platillo el fin de esta singular ruta extracomunitaria, la Unión Europea concentró todos sus esfuerzos en atajar la crisis humanitaria que estallaba en Grecia, sin caer en la cuenta de lo urgente que resultaba adoptar medidas de auxilio para el resto de países también, sobre todo para aquellos que no formaban parte del club. Los Balcanes se sintieron así abandonados frente a semejante desafío administrativo, humanitario y de seguridad. Se volvieron, tal y como denuncia el citado informe, los custodios de un espacio, Schengen, del que ni siquiera participaban. Y además sin ayuda.

EL ASCENDENTE RELATO RUSO

La Unión Europea, sumergida en las crisis ucraniana y siria, fue incapaz de priorizar la cuestión balcánica. Disminuyó de forma considerable su presencia militar, al igual que hizo la OTAN. El apoyo ciudadano a la integración decayó, se reavivaron las críticas a la UE y no pocos líderes locales comenzaron a poner en tela de juicio el compromiso de la propia Europa. A esto contribuyeron las más que desafortunadas declaraciones de Jean-Claude Juncker, quien en 2014, aseguró en un pronto de sinceridad y de realismo, si bien carente de inteligencia política, que durante su mandato como presidente de la Comisión no se habría producido ninguna anexión nueva como miembro de la UE. Este tipo de gestos, junto con la realidad palpable de insolidaridad por parte de la Unión, enardeció el escepticismo y el consecuente vacío emocional, cubierto, en parte, por la llegada de otras superpotencias deseosas de expandir su esfera de influencia.

Así volvió Rusia. Mientras Europa se convertía en fuente de malas noticias, o incluso en objeto de burla, el relato antieuropeo instigado por Rusia comenzó a calar en el debate público de los países de la región. Moscú intenta así, con cierto éxito, trastornar el proceso de adhesión de algunos países de la región a la OTAN y a la UE.

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Ex Ministerio de Defensa serbio, bombardeado por la OTAN en 1999, preservado en Belgrado como recuerdo del pasado reciente.

El caso serbio es especialmente ilustrativo al tratarse del mayor país de la región. Allí el relato ruso se nutre de la crítica mayoritaria a los bombardeos de la OTAN en 1999 y del apoyo occidental a la independencia de Kosovo en 2008. En cambio, gestos como el de Rusia, que utilizó su derecho a veto para apoyar los objetivos de Serbia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, son percibidos por los grupos nacionalistas locales como signo del apoyo sin tapujos a los intereses serbios. Así, la potencia eslava se erige ante la opinión pública serbia en defensora de los «valores tradicionales», opuestos a los «desmanes» de Occidente y de Europa que, impotente, no ha sido capaz hasta la fecha de presentar contrargumentos sólidos a los ciudadanos del país. El descalabro es tal que, en un sondeo reciente incluido en el informe, una gran mayoría de la población eligió a Rusia antes que a la UE como estrecho colaborador, ya que la opción europea suponía aceptar implícitamente que Kosovo ya no formara parte de Serbia.

Mientras Europa se convertía en fuente de malas noticias, o incluso en objeto de burla, el relato antieuropeo instigado por Rusia comenzó a calar en el debate público de los países de la región.

Las relaciones no revisten solo un carácter político: Serbia depende también de las importaciones rusas de gas natural y de petróleo. El Gobierno de Putin, además, se beneficia actualmente del descontrolado proceso de privatización de las empresas serbias puesto en marcha por el presidente del país, Aleksandar Vučić, y facilita ayudas y préstamos substanciales a Belgrado. Es más, Rusia se ha convertido hoy en día en el segundo socio comercial de Serbia y de Bosnia (9,5% y 5% respectivamente en volumen total de intercambios comerciales en 2014).

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Belgrado, el motor económico de la región y capital de Serbia.

Otro hecho consolidado es la cooperación militar: los dos países firmaron en 2013 un tratado bilateral de defensa con una vigencia de quince años, cuyas disposiciones incluyen operaciones de entrenamiento militar, ejercicios conjuntos, venta de armas y el intercambio de información estratégica. Putin en persona respaldó el acuerdo, elevándolo a la categoría de alianza, cuando en 2014 asistió como invitado de honor a un desfile militar en Belgrado para conmemorar el septuagésimo aniversario de la liberación del yugo nazi, de manos de soldados soviéticos. Son este tipo de gestos los que consolidan a Rusia como socio estratégico y amenguan la imagen de la Unión.

Algo parecido se repite en Bosnia y Herzegovina, donde las empresas rusas controlan una parte considerable del sector energético. La Republika Srpska, la entidad mayoritariamente serbia en Bosnia, recibe préstamos y otras ayudas financieras de Rusia. Con esta, además, ha reforzado la cooperación en materia de seguridad. Macedonia, por su parte, resiste, si bien Rusia intenta desarrollar una pequeña red económica que le sirva en el futuro para, entre otros, propagar, por ejemplo, el rumor de que Occidente orquestaba manifestaciones para forzar al Primer Ministro Nikola Gruevski a rechazar el fallido proyecto South Stream, cuyo objetivo era la construcción de un gasoducto paneuropeo.

Turquía siempre ha sido favorable a la independencia de Kosovo, donde subvenciona numerosos proyectos, incluidas algunas escuelas religiosas.

No todo es negro, empero. El ejemplo más claro de oposición a Rusia en la región es el del Gobierno de Montenegro, prooccidental. Sin embargo, Rusia solicitó oficialmente al Gobierno de Podgorica un referéndum sobre la adhesión del país a la OTAN y ejerce una presión política considerable, pues el país sigue siendo el primer inversor de Montenegro, algo que sin embargo, se espera, cambiará con el apoyo de Bruselas.

TURQUÍA EN KOSOVO

Los problemas derivados del nacionalismo también están teñidos en los Balcanes de tonalidades religiosas. Por ejemplo, Albania, miembro de la OTAN, y Kosovo, no reconocido como país por el Estado español aunque sí por la mayoría de Estados miembros, se han alineado tradicionalmente con la Unión Europea y con Estados Unidos, mientras que los países de religión ortodoxa, como Serbia, tienden a entablar mejores relaciones con Rusia.

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Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, en el Parlamento Europeo.

A este respecto vale la pena comentar el papel de Turquía como potencia islámica, pues el país gobernado por el cuestionado presidente Recep Tayyip Erdoğan también ha reafirmado sus intereses en la región y promueve su presencia en aquellos países de confesión mayoritariamente musulmana. Para apoyarlos, ha puesto en marcha programas de intercambio y proyectos culturales y religiosos, como la construcción de mezquitas. Esta influencia, sin embargo, trae consigo reminiscencias poco apreciadas en países como Serbia, pues evocan el periodo de dominación otomana, máxime si tenemos en cuenta que Turquía siempre ha sido favorable a la independencia de Kosovo, donde subvenciona numerosos proyectos, incluidas algunas escuelas religiosas. De hecho el país representó en 2013 el 10% de las inversiones extranjeras directas en territorio kosovar. Para ilustrarlo baste mencionar a Çlik Holding, un conglomerado turco que ha expresado su interés por comprar la compañía kosovar de energía eléctrica, o el Turkish Economy Bank, que ha abierto 24 sucursales en Kosovo.

Son muchas las organizaciones de la sociedad civil que han advertido de los retrocesos en libertades como la de prensa en países como Serbia, Macedonia o Montenegro.

LA AMENAZA DEL TERRORISMO ISLÁMICO

Los países del Golfo Pérsico, que a su vez buscan convertirse en agentes activos sobre el terreno, han recibido la hospitalidad de unos gobiernos, los balcánicos, ansiosos por atraer inversiones masivas y nuevas infraestructuras para relanzar el crecimiento económico. No es por ello una sorpresa si las mezquitas y algunos organismos de beneficencia saudí florecen desde hace años, algunos de los cuales, según denuncia el informe, conformarían una de las principales causas del manifiesto aumento del salafismo en la última década, sobre todo en Kosovo y en Bosnia.

El incremento del extremismo yihadista es una verdadera preocupación en la región, donde se ha registrado un aumento de los incidentes ligados a redes terroristas. El perfil de los individuos que perpetran estos atentados incluye a musulmanes con vínculos con el Estado Islámico, explica el informe. Asimismo, parece que hay un número creciente de combatientes extranjeros en la región. Estas formas de islamismo radical importadas de Oriente Medio están logrando erosionar el tradicional espíritu de tolerancia étnica y religiosa entre el Islam y la laicidad heredada del periodo comunista de Tito.

Resulta peligroso y nocivo intentar responder al mismo tiempo a las peticiones de los manifestantes y de las élites, pues son opuestas.

EL CÁNCER DE LA CORRUPCIÓN POLÍTICA

No se ha de olvidar que la mayoría de estos Estados sufren unos altos niveles de déficit democrático, de clientelismo y de crimen organizado. Son muchas las organizaciones de la sociedad civil las que han advertido de los retrocesos en libertades como la de prensa en países como Serbia, Macedonia o Montenegro. La mayoría de líderes de estos países se vale del miedo inducido por la inestabilidad y por las crisis constantes en la Unión Europea para consolidar su poder en las instituciones nacionales. Estos «intocables», confirma el European Council on Foreign Relations, emplean una retórica populista y nacionalista para alimentar la polarización de la sociedad y los ciudadanos, como es natural, no están satisfechos con la situación actual: la privación socioeconómica, la impunidad de las élites y el sentimiento generalizado de que el futuro no traerá consigo nada positivo son los factores subyacentes del malestar, lo que explica por qué surgen actualmente «indignados» balcánicos que solicitan, allí como ocurrió antes en España, cambios en el sistema político de estos países.

La Unión Europea se encuentra por tanto en un callejón sin salida. Resulta peligroso y nocivo intentar responder al mismo tiempo a las peticiones de los manifestantes y de las élites, pues son opuestas. En nombre de la estabilidad y del orden, o por miedo a la inestabilidad en una región muy voluble, hasta ahora han jugado a un equilibrio complejo, en lugar de forzar con decisión las reformas democráticas y políticas que estos países necesitan urgentemente. Dichas incoherencias han provocado, qué duda cabe, un desgaste progresivo e imparable de la imagen de la Unión en aquellos sectores de la sociedad civil que todavía hoy son favorables a la integración europea.

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Sarajevo, capital de Bosnia y Herzegovina.

PROMOVER LA PROBIDAD, LA LIBERTAD Y EL DESARROLLO ECONÓMICO

Business as usual, hacer como si nada hubiese pasado y seguir adelante, ya no constituye una opción en los Balcanes. Los vientos han cambiado. Si antes la promesa de la adhesión a la Unión era capaz de incitar las reformas y promover una cierta estabilidad, hoy la UE ha perdido buena parte de su credibilidad. Y a pesar de ello, seguimos jugándonos mucho todos. Para cambiar los hados, la Unión debe reconsiderar de parte de quién está, es decir, si en serio desea fomentar el progreso económico de la región, construir una economía inclusiva e impulsar la probidad en las instituciones políticas de estos países o dejarlos a su vera.

A este respecto, el European Council on Foreign Relations enumera varias propuestas, todas centradas en una idea, a saber, integrar de facto a todos los Balcanes en las estructuras y políticas europeas que hoy se están desarrollando para generar nuevas dinámicas positivas y provocar una interdependencia favorable. En este sentido, sería conveniente que los países de la región se aliaran de manera concreta con los Estados miembros en la construcción de la Unión de la Energía actualmente en fase de desarrollo en la Comisión. También es urgente incluir a los Balcanes de forma activa en la gestión de la crisis de los refugiados.

Otras ideas incluirían mecanismos de prevención de conflictos, el requerimiento de que los países candidatos se alineen explícitamente con los intereses europeos y, sobre todo, la defensa de una posición firme y exigente contra los privilegios de las élites políticas. Todo esto, unido a una estrategia esmerada de comunicación, permitiría neutralizar, con hechos, el relato ruso y frenar, con suerte, la creciente desilusión.

Es vital integrar de facto a estos países en las estructuras y políticas europeas que hoy se están desarrollando para generar nuevas dinámicas positivas y provocar una interdependencia favorable.

Esto no implica, ni mucho menos, alerta el think tank europeo, que la Unión Europea se vea legitimada para intervenir en las competencias y decisiones de los tribunales locales, sobre todo en materia de lucha contra la corrupción, pero sí sería esencial que se mostrara dispuesta a ir más allá de su política de incitación imponiendo sanciones, tales como la restricción de desplazamientos o la congelación de bienes, contra todos aquellos dirigentes que busquen sin reparo socavar la estabilidad, la paz y el progreso de la región. Nuestros hermanos de los Balcanes lo agradecerán.

A Serbia, un país que me ha robado el corazón

Artículo redactado originalmente en francés para La Revue Civique, modificado y ampliado en su versión en español para LA MIRADA EUROPEA

LA REVUE CIVIQUE IV

El informe citado:

Vuelta a la inestabilidad: cómo las migraciones y la política de las grandes potencias amenaza a los Balcanes Occidentales (marzo de 2016), el informe del European Council on Foreign Relations, por Francisco DE BORJA LASHERAS, Vessela TCHERNEVA y Fredrik WESSLAU (en inglés).

Siga leyendo:

Los Balcanes y Europa: progreso y malentendidos (marzo de 2016), el informe del Centre de Recherches Internationales de Sciences Po, por Jacques Rupnik (en francés).

Desarrollo del Islam radical en los Balcanes: ¿cuánto hay de realidad? (enero de 2016), entrevista a Loïc Trégourès, de la Universidad de Lille 2, por el Institut de Relations Internationales et Stratégiques (en francés).

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