Schengen y las contingencias de la cerrazón

Visado para el espacio Schengen.

Mucho se ha escrito sobre las consecuencias que acarrearía el final del espacio de libre circulación europeo conocido como Schengen. La fundación alemana Bertelsmann publicó en marzo 2016 un estudio con datos inéditos que revelan la magnitud de la pérdida de valor de las economías nacionales, así como el impacto negativo en el empleo, que supondría la reconstrucción de las fronteras internas en nuestro continente.

Rafael Guillermo LÓPEZ JUÁREZ

El acuerdo de Schengen, que entró en vigor el 26 de marzo de 1995, fue suspendido de manera cautelar a finales de 2015 para frenar, sin éxito, los flujos migratorios provenientes de Siria. Se preveía que la medida habría sido temporal. Sin embargo, cada vez son más las voces que consideran que dicha suspensión no es sino el prólogo del restablecimiento permanente de los controles en el seno de la Unión. Schengen, insinúan, podría ser pronto agua pasada.

Hoy son 26 los países que disfrutan de las ventajas que trae consigo la libre circulación: todos los Estados miembros de la Unión Europea, a excepción del Reino Unido, Irlanda, Rumanía, Bulgaria, Chipre y Croacia, forman parte de él, junto con otros países como Noruega, Islandia, Liechtenstein y Suiza. La fundación alemana Bertelsmann analizó en su estudio Departure from the Schengen Agreement: Macroeconomic Impacts on Germany and the Countries of the European Union cuánto costaría a los europeos, durante los próximos diez años (de 2016 a 2025), el fin del espacio de libre circulación que nos dimos hace 21 años.

LAS CONSECUENCIAS SOBRE EL PIB

Huelga decir que los efectos sobre las economías nacionales dependen en gran medida de las características específicas, tales como la estructura de su mercado laboral o el poder de negociación de los sindicatos, de cada uno de los Estados. Con todo, la fundación ha sido capaz de calcular el impacto mínimo y máximo posible en dos escenarios tipo.

La UE en su conjunto sufriría pérdidas macroeconómicas de entre 471.000 millones y 1,439 billones de euros.

De acuerdo con dicho informe, España perdería entre unos 50.000 millones de euros de actividad económica en el escenario más optimista y unos 148.000 millones en la peor hipótesis. Alemania y Francia también verían reducida su capacidad económica. El primero registraría un crecimiento medio de 0,03 puntos porcentuales menos por año, si lo comparamos con las previsiones de crecimiento actuales, lo que supondría unos 77.000 millones de euros. En la hipótesis más negativa, la pérdida sería de 235.000 millones, es decir, de un 0,08%. Por su parte, el país galo perdería entre 81.000 y 244.000 millones de actividad económica. Con todo, dichas cifras no deberían llevarnos a error: si bien en términos absolutos, en comparación con Alemania y Francia, el daño ocasionado a nuestro país parece menor, en términos porcentuales la desviación del PIB sería mayor.

El estudio indica que es posible prever caídas similares de la actividad económica en otros países como Austria y el Reino Unido, que se vería afectado incluso a pesar de que no forma parte de Schengen. La Unión Europea en su conjunto, sin tener en cuenta Malta, Luxemburgo, Chipre ni Croacia, sufriría pérdidas macroeconómicas, concluye el informe alemán, de entre 471.000 millones y 1,439 billones de euros.

Asimismo, nuestros socios sufrirían con fuerza el impacto económico del proteccionismo escapista europeo: Estados Unidos sufriría un menoscabo de entre 91.000 y 276.000 millones, mientras que China vería cómo se esfuman de su contabilidad entre 95.000 y 288.000 millones de euros.

LAS INDUSTRIAS Y LOS SECTORES QUE MÁS SUFRIRÍAN

Hoy es difícil pensar Europa sin las cadenas de valores que las empresas del continente han construido a lo largo y ancho del continente. Sin Schengen, afirma la fundación alemana, el coste de repartir el proceso industrial entre varios países europeos sería mucho más elevado, tanto que tendría un efecto patente en las decisiones de implantación de las empresas y en la competitividad de los precios. Del mismo modo, aumentaría sensiblemente el tiempo de desplazamiento de los trabajadores transfronterizos, lo que entorpecería la movilidad laboral y la heterogeneidad creciente de los mercados regionales de empleo.

Los europeos tienden a creer que Schengen solo consiste en la abolición física de las fronteras internas, pero la fuerza del acuerdo reside sobre todo en el reconocimiento de una serie de derechos.

Los representantes de los operadores del sector europeo del transporte consideran, por su parte, que el fin del acuerdo pondría en entredicho la pertinencia y la operatividad de la gran red ferroviaria de alta velocidad que está en pleno desarrollo. Proyectos como el trayecto París-Budapest/Bratislava, por no precisar más que uno, perdería todo su sentido si se acometiesen controles en las fronteras, ya que el tiempo empleado restaría atractivo a las líneas. El mismo argumento sirve para la industria turística, ya que los largos tiempos de espera en los desplazamientos conducirían a una reducción significativa del número de visitantes de fin de semana.

Conviene, además, luchar contra una idea preconcebida: los europeos tienden a creer que Schengen solo consiste en la abolición física de las fronteras internas, pero la fuerza del acuerdo reside sobre todo en el reconocimiento de una serie de derechos de que disfrutan todos los ciudadanos en cada uno de los territorios del espacio de libre circulación. Gracias a Schengen estos disponen de documentos homologados y de la validación automática de sus visados. Si la legislación vigente, que existe en virtud del acuerdo, fuese derogada, las solicitudes de visado para viajar tendrían que tratarse de nuevo a nivel nacional, por lo que la carga administrativa se acrecentaría notablemente.

EL IMPACTO POLÍTICO Y SOCIAL

Una de las cuestiones más delicadas del acuerdo es la referida a la seguridad: actualmente, el intercambio de información sensible se produce en el marco del sistema de información de Schengen (SIS), que ha posibilitado una cooperación estrecha entre los cuerpos de policía de los Estados signatarios. Si Schengen se anulase, sería necesario acordar una nueva regulación y la eficacia de dicha cooperación, aduce la fundación, se restringiría. Asimismo, se verían mermados la cooperación judicial y todos los esfuerzos para luchar contra la criminalidad vinculada al tráfico de drogas, al crimen organizado y al terrorismo internacional.

Si los europeos comenzasen a considerar que el proyecto de integración es un proceso reversible al que uno puede adherirse o no a placer según la coyuntura, estaríamos ante el principio del fin.

Vale la pena recordar que el acuerdo de Schengen conforma la base de la futura política migratoria y de asilo común europea y que, de producirse el cierre de las fronteras, la coordinación entre los Estados miembros para el control y la repartición de los refugiados se distorsionaría.

Por último, advierte la fundación Bertelsmann, es esencial meditar sobre el efecto psicológico que produciría una decisión tan regresiva, cuyo impacto, por su carácter subjetivo, resulta imposible de cuantificar. Así, argumentan los autores, si los europeos comenzasen a considerar que el proyecto de integración es un proceso reversible al que uno puede adherirse o no a placer según la coyuntura, estaríamos ante el principio del fin. De hecho, se trataría de la primera vez en todo el periodo de posguerra que los Estados europeos diesen un paso atrás en el camino hacia «una Unión siempre más estrecha». Los intercambios culturales, las experiencias transfronterizas, todo aquello que nos enriquece languidecería o se apagaría.

Seguiría una cadena de acontecimientos cuyas consecuencias son imprevisibles: es por esto por lo que el restablecimiento de las fronteras en Europa es un asunto enrevesado. Rescindir Schengen equivaldría a abrir la caja de Pandora, un exceso y un error que nadie debería estar dispuesto a asumir.

Artículo redactado originalmente en francés para La Revue Civique 

LA REVUE CIVIQUE IV

El estudio original:

La rescisión de Schengen: su impacto macroeconómico en Alemania y en los países de la UE (marzo de 2016), por Michael BÖHMER, Jan LIMBERS, Ante PIVAC y Heidrun WEINELT, una publicación de la fundación Bertelsmann (en inglés).

Siga leyendo:

La Europa sin fronteras: el espacio Schengen, una publicación de la Comisión Europea (en español).

#BásicosPolExt: Schengen, a prueba (01/04/2016), Estudios de Política Exterior (en español).

Las consecuencias económicas de un abandono del acuerdo de Schengen (febrero de 2016), por Vincent AUSSILLOUX y Boris LE HIR, una nota analítica de France Stratégie (en francés).

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