«Es hora de luchar por Europa», el mensaje de Juncker y de Schultz

El 9 de mayo es el día de Europa. Para celebrarlo, LA MIRADA EUROPEA propone la traducción al español de la columna de opinión, publicada en inglés el 6 de mayo de 2016, mediante la cual el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schultz, enviaron un mensaje a los europeos en ocasión de la ceremonia de entrega del premio Carlomagno al papa Francisco.

Rafael Guillermo LÓPEZ JUÁREZ (traducción)

La decisión de conceder este año el premio Carlomagno al papa Francisco es insólita. Algunos dirán bromeando que ya tiene que ir mal la Unión Europea para necesitar el apoyo del papa. Otros, en cambio, se preguntarán por qué un papa argentino obtiene un premio cuyo objetivo es galardonar a aquellos que han contribuido a unificar Europa. Pues bien, estamos convencidos de que el papa Francisco se merece este premio porque ha sabido mandar a Europa un mensaje de esperanza.

Tal vez necesitábamos que un argentino observara desde fuera los valores que nos unen de manera tan íntima a los europeos para recordar, así, nuestras fortalezas. Al fin y al cabo, en un momento en el que conceptos tales como «Europa» y «crisis» suelen ir de la mano, es más fácil olvidar lo que Europa ha logrado y aquello de lo que es capaz. De las ruinas de la segunda guerra mundial nuestros padres y madres construyeron una Europa fundada en la paz y en el humanismo. Fueron ellos los que volvieron deliberadamente la espalda al belicismo, al ansia de destrucción y a la barbarie que caracterizó la primera mitad del siglo XX. Prefirieron unir sus fuerzas para construir una Europa sin vencedores ni vencidos, una Europa solo de ganadores. Así demostraron haber aprendido la lección de la historia, pues siempre que los europeos nos hemos dividido, las consecuencias han sido desastrosas; en cambio, siempre que nos hemos unido, hemos alcanzado la prosperidad.

El alma de Europa son sus valores. Cuando el papa Francisco afirma que «una Europa que se preocupa por cada mujer y hombre, que los defiende y los protege» es «un punto de referencia precioso para toda la humanidad», nos recuerda lo que somos. En un momento en el que Europa parece estar dando bandazos de una cumbre a otra, en el que los ciudadanos a veces se preguntan si en efecto los europeos realmente compartimos valores comunes, se torna esencial que recordemos la fortaleza con que contamos al permanecer unidos. En la era de la globalización, los europeos nos necesitamos más que nunca los unos a los otros y la inmensidad de los retos a los que hoy nos enfrentamos lo ponen claramente de manifiesto.

Quizá no nos complace cómo está avanzando el mundo, pero no está en nuestra mano revertirlo; sin embargo, juntos podemos darle la forma que nos convenga.

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Martin Schultz (izquierda), presidente del Parlamento Europeo, y Jean-Claude Juncker (derecha), presidente de la Comisión europea.

En primer lugar, tenemos el desafío de salvaguardar nuestro modo de vida europeo. En un mundo cada vez más interconectado, en el que el ascenso de otros países y regiones parece imparable, no tenemos más remedio que aunar nuestras fuerzas. El trozo del pastel que le corresponde a Europa y a sus naciones del total de la producción económica mundial así como de la población mundial no deja de disminuir. Ante esta evidencia, es obvio que cualquiera que crea que debemos volver a los Estados-nación no está en contacto con la realidad. Quizá no nos complace cómo está avanzando el mundo, pero no está en nuestra mano revertirlo; sin embargo, juntos podemos darle la forma que nos convenga. Ningún Estado miembro, actuando solo, por muy influyente que sea, puede ya imponer sus intereses y valores al resto; juntos, en cambio, podemos ayudar a conformar las normas que regulen las relaciones entre las distintas potencias del mundo.

No podemos permitirnos el lujo de desperdiciar nuestras energías en disputas internas motivadas por la vanidad nacional.

Para nosotros, los europeos, tiene sentido por tanto permanecer juntos. Lo que está en juego es nuestro modelo social, un modelo basado en la democracia, en el Estado de Derecho, en la solidaridad y en los Derechos Humanos. Disfrutamos de derechos civiles, de libertad de prensa y del derecho a la huelga; no sufrimos la tortura, ni el trabajo infantil ni la pena de muerte. Toda nuestra fuerza se deriva del mercado interior y, apoyándonos en él, podemos garantizar y favorecer un mundo que se organice en torno a nuestro modelo social, un modelo lleno de valores.

En segundo lugar, nos enfrentamos al desafío de garantizar la paz y la seguridad. Si los europeos nos mantenemos unidos podremos lograr grandes avances. Piensen en el acuerdo nuclear con Irán o en el acuerdo sobre el clima alcanzado en París el pasado diciembre. Estos ejemplos nos deben alentar, como europeos, para que sigamos trabajando juntos y para que asumamos una responsabilidad mayor en la escena internacional. El mundo es cada vez más complicado, algunos afirmarán que es más peligroso. Estados Unidos ha decidido disminuir su participación activa en los asuntos internacionales, Rusia se muestra cada vez más agresiva y China está ampliando su esfera de influencia en el Este de Asia. Numerosos conflictos y guerras se libran cerca de nuestras fronteras: en Siria mucha gente es asesinada cada día y en el este de Ucrania la situación sigue siendo muy preocupante. Los ataques en Bruselas, Lahore, Estambul y París han servido como recordatorio amargo de que el terrorismo islámico es una amenaza mundial.

Ante semejante realidad geopolítica, no podemos permitirnos el lujo de desperdiciar nuestras energías en disputas internas motivadas por la vanidad nacional. Debemos hablar con una sola voz, puesto que es la única manera de que nos escuche el resto del mundo.

Los voluntarios distribuyen alimentos a los refugiados, se aseguran de que tengan ropa que llevar consigo y dan clases a los niños. Ellos muestran al mundo entero la cara humana de Europa.

En tercer lugar, hemos de pensar en el reto de la migración. Hoy estamos ante el mayor número de desplazados registrado desde la segunda guerra mundial y cada vez son más los que huyen de guerras, de conflictos y de la persecución en otros países. Hombres, mujeres y niños buscan refugio aquí, en Europa, mientras escapan de la brutal violencia del Estado Islámico y de las bombas del régimen de Assad. El desafío es tan grande que ningún Estado miembro, por sí solo, podrá resolverlo, pero si actuamos juntos, como el continente de más de 500 millones de personas que somos, podremos estar a la altura de nuestra responsabilidad histórica.

La visita del papa Francisco a Lesbos fue más que un gesto: se llevó y acogió a doce refugiados sirios. Así demostró un grado de solidaridad mucho mayor que muchos Estados miembros al tiempo que nos llamó a la acción. «Solidaridad» y «amar al próximo» son propósitos bonitos, pero solo tienen sentido si los ponemos en práctica.

Eso es exactamente lo que decenas de miles de voluntarios hacen cada día: se dejan la piel hasta la extenuación en sus esfuerzos por salvar a inocentes del terrorismo, de la guerra y de la violencia. Distribuyen alimentos a los refugiados, se aseguran de que tengan ropa que llevar consigo y dan clases a los niños para lograr que el día de mañana tengan un futuro. Estos voluntarios muestran a los refugiados y al mundo entero la cara humana de Europa.

Ya es hora de que los europeos nos pongamos en pie y de que, unidos, defendamos esta Europa nuestra que compartimos.

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El papa Francisco en la Eurocámara, en noviembre de 2015.

Con todo, la suya es también la tarea de nosotros, los políticos, sobre todo en un continente que, con demasiada frecuencia en su larga historia, ha estado dividido por trincheras, cercas, muros y fronteras. Recordemos que uno de nuestros mayores logros es haber superado estas divisiones para crear una Europa de paz y de prosperidad. Todos nosotros, de hecho, nos beneficiamos de ello al cruzar fronteras y al hacer negocios.

El papa Francisco tiene mucha fe en que sabremos poner en práctica los valores europeos, pero pide que hagamos más para sacarle partido a ese potencial que tenemos dentro. Al fin y al cabo, somos expertos en superar divisiones, como así lo avala esa costumbre, ya tan nuestras, de sentarnos para trabajar juntos y para construir puentes entre pueblos y países diferentes. A la vista de la desconcertante sucesión de crisis a que nos enfrentamos hoy, necesitamos más que nunca la fuerza de nuestras convicciones. Quizá no seamos conscientes de todo de lo que somos capaces, pero el papa Francisco nos da esperanza al recordarnos que «en la adversidad encontraremos la energía para unirnos». Ya es hora, por lo tanto, de que los europeos nos pongamos en pie y de que, unidos, defendamos esta Europa nuestra que compartimos.

Jean-Claude Juncker y Martin Schultz

Siga leyendo:

Discurso del papa Francisco en la ceremonia de entrega del premio Carlomagno (06/05/16).

El Papa predica con el ejemplo: se lleva consigo a 10 refugiados de Lesbos a Roma (16/04/16), un artículo de EL ESPAÑOL.

Discurso del papa Francisco ante el Parlamento Europeo (25/11/15).

 

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