Antes de que sea demasiado tarde

Tras la manifestación de Ciudadanos, del Partido Popular y de Vox en la Plaza de Colón, proponemos la reflexión de Beatriz Ríos, periodista especializada en asuntos europeos en EURACTIV, El Mundo y Público.

Beatriz Ríos

Los partidos de centroderecha y de extrema derecha españoles unieron sus fuerzas el domingo 10 de febrero en una manifestación para obligar al gobierno socialista de Pedro Sánchez a convocar elecciones. La protesta estuvo lejos de tener éxito, pero lo que debería preocuparnos a todos en Europa es que los conservadores se están alineando con los ultras. 

Alrededor de 45.000 personas –un número bastante pequeño, teniendo en cuenta que se proporcionaba transporte desde todos los rincones de España– protestaron contra el gobierno de Sánchez y exigieron elecciones. Los manifestantes calificaron de «traidor» al presidente por mantener conversaciones con los separatistas catalanes y cuestionaban su legitimidad como líder del gobierno.

La manifestación fue el primer acto público en el que participaron conjuntamente el Partido Popular, Ciudadanos y Vox.

No es mi intención poner en tela de juicio el derecho de nadie a manifestarse, la protesta es una parte esencial de la democracia. Pero sí debemos mirar cuidadosamente quién la organizó y el relato que usó para hacerlo.

La manifestación fue el primer acto público en el que participaron conjuntamente el Partido Popular, Ciudadanos y Vox tras haber unido sus fuerzas en Andalucía el mes anterior. Aunque afirmaron que se trataba de una protesta transversal, fueron acompañados por grupos de extrema derecha como la organización neonazi Hogar Social o el partido fascista Falange, mientras que ninguna de las fuerzas progresistas se unió a ellos.

Los manifestantes afirmaban que defendían España, su integridad territorial y la Constitución en un manifiesto lleno de referencias a la nación y a la patria como algo indivisible, indiscutible, un relato más propio del siglo XX que de 2019. Porque ya se sabe que combatir el nacionalismo con más nacionalismo siempre ha dado excelentes resultados a lo largo de la historia.

Por cierto, esto también se aplica a los movimientos independentistas, ya que han intentado forzar la independencia sin siquiera tener una clara mayoría a favor en Cataluña. Solo hay que echar un vistazo a lo que está sucediendo en el Reino Unido con el Brexit para sacar conclusiones.

Aunque el interminable asunto catalán requeriría de un artículo aparte, la traición de la que los manifestantes acusaron a Sánchez es esta: se reunió con los independentistas catalanes en un esfuerzo por encontrar una salida al conflicto.

Encontrar una solución pacífica a un conflicto político a través del diálogo no debería ser un problema en una democracia madura. Sin embargo, resulta obligatorio discutir el formato apropiado con todas las fuerzas políticas. 

Además, al cuestionar la legitimidad de Sánchez, quien fue elegido por el congreso de los diputados tras vencer en una moción de censura contra el ya  ex presidente Mariano Rajoy, los partidos de extrema derecha y los conservadores atacan la misma Constitución que afirman defender.

Los tres partidos políticos que lideraron la protesta –PP, Ciudadanos y Vox– han estado alimentando las tensiones utilizando un lenguaje de confrontación in crescendo

Encontrar una solución pacífica a un conflicto político a través del diálogo no debería ser un problema en una democracia madura.

Incluso con una representación limitada, la extrema derecha ha logrado imponer la agenda política con una narrativa incendiaria. La disputa catalana es solo un ejemplo, pero están también en juego los derechos de las mujeres, de los LGTB y de los refugiados. Y han impuesto su discurso, en gran medida, gracias a la legitimación que le han conferido a la extrema derecha partidos políticos supuestamente de derecha y de centroderecha.

Nada de esto es nuevo en Europa. 

«En un momento como este, guardar silencio se vuelve un acto», escribió en una carta en 1914 Romain Rolland, Nobel de literatura francés. Los conservadores no es ya que guarden silencio ante el odio que propagan las fuerzas ultras en Europa, es que se están alineando con ellas.

En junio de 2018, cuando el canciller Sebastian Kurz se dirigió al Parlamento Europeo para presentar los objetivos de la presidencia austriaca de la UE, el eurodiputado verde Philippe Lamberts criticó su coalición de gobierno con el FPÖ de extrema derecha. 

«Nunca me han asustado los partidos de extrema derecha, pero cuando sus ideas contaminan a las familias políticas que una vez fueron los pilares de una Europa democrática, todos estamos en peligro», dijo a Kurz.

Al final, no fue aquella manifestación la que tumbó el gobierno de Pedro Sánchez, sino unos presupuestos que el ejecutivo no pudo sacar adelante, precisamente ante la falta de apoyo de las mismas fuerzas con las que la oposición le acusaba de andar pactando a escondidas. 

Tras el anuncio de la convocatoria de elecciones para el próximo 28 de abril, PP y Ciudadanos han vuelto a alinearse, dispuestos a pactar con Vox, en defensa del interés, dicen, de todos los españoles. Aunque en su definición de esa categoría no tengamos todos cabida. 

Ayer fue en Austria, mañana podría ser España, pero a medida que se acercan las elecciones y las fuerzas ultra siguen avanzando en las encuestas, en mayo podría ser también el Parlamento Europeo, Europa. 

Todavía no estamos en ese punto, pero los conflictos no se materializan de la noche a la mañana. Europa debería combatir los discursos de la extrema derecha antes de que sea demasiado tarde.

Este artículo fue publicado en inglés en EURACTIV el 11 de febrero de 2019. La autora ha dado su consentimiento expreso para publicarlo en español en LA MIRADA EUROPEA. La adaptación final y las modificiaciones al texto son fruto de la autora.

Beatriz RÍOS es una periodista especializada en asuntos europeos, movimientos sociales y derechos humanos. Licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y con un máster en relaciones internacionales por la Universidad Libre de Bruselas, desde 2014 ha colaborado con diversos medios españoles (cuartopoder.es, La Razón, La Sexta, Telemadrid) e internacionales (RTBF, BBC). En la actualizad, cubre Bélgica y la UE para Público, El Mundo y EURACTIV. Síguela en Twitter: @BeaRios_