Tiempos de elecciones (2/2): ¿qué supone ser in(ter)dependientes?

Sesión plenaria en el Parlamento Europeo en Estrasburgo Sesión plenaria en el Parlamento Europeo en Estrasburgo

Europa no es solo derecha o izquierda, progresismo o conservadurismo. La globalización y los avances tecnológicos, así como la emergencia de nuevos actores mundiales, nos obligan a tomar nuevos posicionamientos en este mundo en constante movimiento. Abordamos ahora los otros dos ejes de fractura política que marcarán el debate electoral europeo.

Rafael Guillermo LÓPEZ JUÁREZ

Corría el año 2015 cuando una Europa todavía debilitada por sus crisis económicas, monetarias y presupuestarias internas, tuvo que hacer frente a un nuevo reto: la crisis migratoria. De repente, los Estados miembros comprendieron, casi de forma traumática, que Europa no era una isla de bienestar aislada, sino un actor mundial con responsabilidades internacionales.

GLOBALIZACIÓN: INTERDEPENDENCIA O REPLIEGUE

Más allá de la cuestión migratoria, es innegable que el mundo ha cambiado para siempre como consecuencia del progreso tecnológico. La economía mundial se halla cada vez más integrada, con la consecuente división internacional del trabajo y una mayor interdependencia financiera. Esto nos ha vuelto a todos más vulnerables y aumenta la sensación de impotencia.

En realidad, hablar hoy de partidos a favor o en contra de la Unión Europea se ha quedado desfasado.

Ante estos cambios y el desnorte que suponen, se ha intensificado la necesidad de buscar refugio. Así, ciertos políticos han aprovechado la ola de preocupación no para buscar soluciones, sino para volver a un pasado que se siente más seguro y reconfortante. Los defensores de esta corriente promueven que se construya una Europa «fortaleza», baluarte del proteccionismo de las naciones y favorable a la «preferencia nacional».

Frente a ellos, se erige un bloque convencido de que una Europa abierta pero también reguladora y activa en la aplicación de ciertas reglas de juego podría responder mejor a los retos del presente. Lejos de una apología ciega de la globalización, estos partidos parecen haber tomado consciencia de las desigualdades que acarrea y por eso defienden una globalización tasada, que vaya a favor de los valores y de los intereses de Europa en la escena internacional. Con distintos niveles de intensidad, esto es lo que promueven el Partido Popular Europeo, los liberales, el Partido Socialista Europeo, los verdes y la izquierda europea.

SOBERANÍA Y COOPERACIÓN: INCLUSIVOS O EXCLUYENTES

Por último, cabe destacar el eje relativo al posicionamiento de Europa en el mundo. Este este se dirime el margen de maniobra y de competencias que se desea conceder a las instituciones europeas, teniendo en cuenta el escenario de creciente incertidumbre internacional, con la guerra comercial con Estados Unidos y el ascendente papel de China, de Rusia y de otras potencias internacionales.

En realidad, hablar hoy de partidos a favor o en contra de la Unión Europea se ha quedado desfasado. Ni siquiera las extremas derechas proponen ya abandonar la Unión. El ridículo del Brexit ha dejado patente el despropósito de sus postulados y el debate gira ahora en torno a la reforma de la Unión.  

Todos estamos de acuerdo en que hay que modificar el actual statu quo, pero surgen dos bandos. Por un lado, los partidarios de una Europa de Naciones, que se alimente de la cooperación entre «Estados-nación soberanos» y no de una gobernanza supranacional. Favorecen así una menor coordinación presupuestaria, con menores obligaciones ante las instituciones europeas. Al reducir las competencias cedidas a Europa, afirman, recuperan una autonomía que les hace más libres y efectivos ante los retos actuales como el cambio climático, que niegan o desestiman. Para ellos la unilateralidad implica rapidez para adaptarse mejor a un mundo en pleno movimiento. Para ellos Europa tiende a ser más un escollo que un valor añadido.

Por otro lado, surge un bloque a favor de una mayor integración, que estima que Europa está ya consolidada como actor internacional en el ámbito comercial, definiendo normas sustanciales en materia medioambiental, sanitaria y de protección de datos. Estos partidos plantean la necesidad de una creciente cooperación en defensa, como ocurre ya con la puesta en marcha de un programa piloto que configura un fondo de defensa europeo, y también en materia de innovación tecnológica y de integración fiscal.

Todos estamos de acuerdo en que hay que modificar el statu quo, pero surgen dos bandos.

Un debate inevitable en este sentido es el institucional. Una de las medidas sobre la mesa es la de poner fin a la unanimidad, introduciendo la mayoría cualificada en las votaciones, lo que permitiría superar las minorías de bloqueo que tanto han frenado a Europa. Ceder nuevas competencias, defienden estos partidos, aumenta la eficacia de las medidas y la capacidad de Europa para proteger nuestros valores compartidos ante el resto de potencias mundiales. Estos valores serían, entre otros, la libertad, la economía social y de mercado, la protección del medio ambiente, la defensa de una justicia independiente, la solidaridad o la tolerancia.

CUATRO PARADIGMAS, UNA CITA ELECTORAL

Aunque los cuatro ejes enunciados son complementarios, no todos los partidos se sitúan en los mismos bandos sistemáticamente. En la próxima cita electoral no se pondrá en cuestión la supervivencia de la Unión Europea, sino qué tipo de Europa queremos. ¿Estamos a favor de una Unión que solo sea mercado, más o menos desregulado, o queremos avanzar hacia una mayor integración política? ¿Apostamos por una unión puramente monetaria o también fiscal? ¿Favorecemos un enfoque más federalista o nacional, una identidad más abierta o más cerrada, unas políticas más o menos sociales? Esto es lo que está en juego.

Serán unas elecciones interesantes en la medida en que lo que se dirime es un cambio de época, una visión del mundo, un pulso de sentimientos y de aspiraciones. Los partidos ya han expuesto sus valores, ahora tienen que explicar sus propuestas concretas y cómo mejorarán la vida de la gente. A nosotros luego nos corresponderá ponderarlas y votar en esta incipiente democracia europea. Si algo deberíamos haber aprendido es que no podemos dejar que los demás decidan por nosotros.